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Audiolibros | Últimos Capítulos en Leer Escuchando |
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| Autor: Anand Dilvar |
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El relato del escritor Yukio Mishima , se ambienta en el Japón de 1936. Un teniente del ejército imperial toma la decisión de quitarse la vida y su esposa decide tomar igual camino.
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| Autor: Yukio Mishima |
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EL LIBRO DE LAS COCHINADAS ES TAL VEZ UN LIBRO PROHIBIDO QUE A ALGUNOS ADULTOS LES DARÁ VERGÜENZA COMPRAR, MAS NO LEER; ESPERAMOS QUE SE ARMEN DE VALOR Y LO DISFRUTEN. SIN EMBARGO, LOS NIÑOS Y JÓVENES NO DUDARÁN EN DISFRUTAR DE TODAS LAS COCHINADAS DESCRITAS EN ESTE LIBRO, POR LA SIMPLE Y SENCILLA RAZÓN DE QUE SABEN QUE TODOS SOMOS COCHINOS, AUNQUE ALGUNOS NO LO ACEPTEN. TODOS HACEMOS COCHINADAS Y ÉSTAS FORMAN PARTE DE NOSOTROS.
DEJAR DE HACER COCHINADAS RESULTA IMPOSIBLE A MENOS QUE ALGUIEN QUIERA DEMOSTRAR LO CONTRARIO, ASÍ QUE YA ES HORA DE ACEPTARLAS Y CONOCERLAS. LA CULTURA COCHINA TAMBIÉN FORMA PARTE DE NUESTRA VIDA COTIDIANA Y LA CIENCIA DE LAS COCHINADAS NOS PERMITIRÁ SER MUY COCHINOS PERO A LA VEZ MUY SALUDABLES, ¡ESE ES EL RETO!
NADIE DEJA DE HACER COCHINADAS AUNQUE NO SEA COCHINO, EL CHISTE DE HACER COCHINADAS ES EVITAR LAS ENFERMEDADES QUE PRODUCEN. DESPUÉS DE MUCHOS AÑOS DE TRABAJAR EN LA DIVULGACIÓN DE LA CIENCIA, CREÍMOS OPORTUNO HABLAR DE UN TEMA CON EL CUAL, A LO LARGO DE NUESTRAS VIDAS, NOS HEMOS IDENTIFICADO, REÍDO Y DIVERTIDO. AL HACERLAS O REFERIRNOS A ELLAS A ALGUNOS LES DA VERGÜENZA Y SE SONROJAN, OTROS SE RÍEN Y HAY QUIENES FINGEN DEMENCIA, PERO NO DEJAN DE HACER SUS COCHINADAS PORQUE ES UNA FUNCIÓN ESENCIAL DE NUESTRO ORGANISMO. ¿QUIÉN DIJO QUE NO HABÍA QUE HABLAR DE LAS COCHINADAS?
JUAN TONDA Y JULIETA FIERRO ACEPTAN QUE SON MUY COCHINOS Y NO LES DA VERGÜENZA ESCRIBIR Y HABLAR SOBRE LAS COCHINADAS, A PESAR DE SU CARRERA ACADÉMICA. AMBOS OBTUVIERON EL PREMIO NACIONAL DE DIVULGACIÓN DE LA CIENCIA EN MÉXICO, Y ESTÁN CONVENCIDOS DE QUE LOS DIVULGADORES PUEDEN APORTAR ALGO SOBRE UN TEMA DEL QUE MUCHOS HABLAN, PERO POCOS ESCRIBEN AUNQUE A DIARIO LE DEDIQUEN PARTE DE SU TIEMPO. ESPERAMOS QUE LOS LECTORES DISFRUTEN DE EL LIBRO DE LAS COCHINADAS, ASÍ COMO DE LAS INGENIOSAS ILUSTRACIONES DE JOSÉ LUIS PERUJO, PREMIO NACIONAL DE CARICATURA. |
| Autor: Julieta Fierro Y Juan Tonda |
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El Diván del Tamarit es un poemario del poeta y dramaturgo español Federico García Lorca (Granada, 1898–1936), una colección de poemas, bajo la denominación de «casidas» y «gacelas», en homenaje a los poetas árabes de Granada. No es hasta 1934 cuando se dispone de la primera mención del libro como proyecto; la Universidad de Granada comenzó el proceso para su impresión en 1934, con un prólogo escrito por el arabista español Emilio García Gómez, edición que no llegó a ver la luz en vida de su autor. Fue publicado póstumamente en 1940 en Buenos Aires por la Editorial Losada y Nueva York por la Revista Hispánica Moderna. Dado que se trata de una publicación póstuma (y por tanto no revisada por el autor), las distintas ediciones han incluido pequeñas variaciones en su índice.
Contemplados desde una sufriente perspectiva homoerótica, el amor y la muerte constituyen los grandes núcleos temáticos del Diván del Tamarit. La división que hizo Lorca agrupa en el primer grupo, las gacelas, poemas de temática principalmente amorosa; la muerte es el tema esencial y propio de las casidas.
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Div%C3%A1n_del_Tamarit |
| Autor: Federico García Lorca |
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Ya que para despedirme,
dulce idolatrado dueño,
ni me da licencia el llanto
ni me da lugar el tiempo,
háblente los tristes rasgos,
entre lastimosos ecos,
de mi triste pluma, nunca
con más justa causa negros.
Y aun ésta te hablará torpe
con las lágrimas que vierto,
porque va borrando el agua
lo que va dictando el fuego.
Hablar me impiden mis ojos;
y es que se anticipan ellos,
viendo lo que he de decirte,
a decírtelo primero.
Oye la elocuencia muda
que hay en mi dolor, sirviendo
los suspiros, de palabras,
las lágrimas, de conceptos.
Mira la fiera borrasca
que pasa en el mar del pecho,
donde zozobran, turbados,
mis confusos pensamientos.
Mira cómo ya el vivir
me sirve de afán grosero;
que se avergüenza la vida
de durarme tanto tiempo.
Mira la muerte, que esquiva
huye porque la deseo;
que aun la muerte, si es buscada,
se quiere subir de precio.
Mira cómo el cuerpo amante,
rendido a tanto tormento,
siendo en lo demás cadáver,
sólo en el sentir es cuerpo.
Mira cómo el alma misma
aun teme, en su ser exento,
que quiera el dolor violar
la inmunidad de lo eterno.
En lágrimas y suspiros
alma y corazón a un tiempo,
aquél se convierte en agua,
y ésta se resuelve en viento.
Ya no me sirve de vida
esta vida que poseo,
sino de condición sola
necesaria al sentimiento.
Mas, por qué gasto razones
en contar mi pena y dejo
de decir lo que es preciso,
por decir lo que estás viendo?
En fin, te vas, ay de mi!
Dudosamente lo pienso:
pues si es verdad, no estoy viva,
y si viva, no lo creo.
Posible es que ha de haber día
tan infausto, funesto,
en que sin ver yo las tuyas
esparza sus luces Febo?
Posible es que ha de llegar
el rigor a tan severo,
que no ha de darle tu vista
a mis pesares aliento?
Ay, mi bien, ay prenda mía,
dulce fin de mis deseos!
Por qué me llevas el alma,
dejándome el sentimiento?
Mira que es contradicción
que no cabe en un sujeto,
tanta muerte en una vida,
tanto dolor en un muerto.
Mas ya que es preciso, ay triste!,
en mi infeliz suceso,
ni vivir con la esperanza,
ni morir con el tormento,
dame algún consuelo tú
en el dolor que padezco;
y quien en el suyo muere,
viva siquiera en tu pecho.
No te olvides que te adoro,
y sírvante de recuerdo
las finezas que me debes,
si no las prendas que tengo.
Acuérdate que mi amor,
haciendo gala de riesgo,
sólo por atropellarlo
se alegraba de tenerlo.
Y si mi amor no es bastante,
el tuyo mismo te acuerdo,
que no es poco empeño haber
empezado ya en empeño.
Acuérdate, señor mío,
de tus nobles juramentos;
y lo que juró la boca
no lo desmientan tus hechos.
Y perdona si en temer
mi agravio, mi bien, te ofendo,
que no es dolor, el dolor
que se contiene atento.
Y adiós; que con el ahogo
que me embarga los alientos,
ni sé ya lo que te digo
ni lo que te escribo leo. |
| Autor: Sor Juana Inés De La Cruz |
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